El rugido de los motores y la emoción de miles de aficionados marcaron el cierre de La Carrera Panamericana 2026 en el Centro Histórico de Zacatecas, donde la capital recibió por segundo año consecutivo la etapa final de esta emblemática competencia automovilística. La jornada permitió exhibir el patrimonio arquitectónico, la riqueza cultural y el atractivo turístico del estado, bajo la administración del gobernador David Monreal Ávila.
Con la organización de la Secretaría de Turismo estatal, Zacatecas fue sede del desenlace de la edición 39 de la época moderna de la carrera, que durante siete días recorrió cerca de 4 mil kilómetros desde Tuxtla Gutiérrez, Chiapas, hasta la capital zacatecana, después de atravesar distintas regiones del país.
La última jornada incluyó pruebas de velocidad en la ruta procedente de San Luis Potosí, con un tramo entre Vetagrande y la glorieta del bulevar Manuel Felguérez. Posteriormente, los competidores avanzaron hacia la meta instalada frente a la Catedral Basílica, sobre la avenida Hidalgo, en pleno corazón de la ciudad.
Curvas cerradas, caminos exigentes y decisiones tomadas en fracciones de segundo pusieron a prueba la capacidad de los pilotos y navegantes. La coordinación entre ambos integrantes de cada tripulación, junto con la estrategia y el desempeño mecánico de los vehículos, resultó determinante para completar el recorrido. En algunos tramos de velocidad, los automóviles pueden superar los 250 kilómetros por hora, lo que refleja el nivel de exigencia de esta prueba.
Entre los protagonistas de la jornada destacaron vehículos clásicos de marcas como Porsche, Ford, BMW, Chevrolet y Mercedes-Benz, cuyas carrocerías y motores atrajeron las miradas de los asistentes. Desde las calles del primer cuadro hasta los barrancos y laderas cercanos al cerro de La Bufa, numerosos aficionados siguieron el paso de los competidores y celebraron su llegada.
La recepción de las tripulaciones convirtió el Centro Histórico en un punto de encuentro para residentes, turistas y visitantes, quienes respondieron con aplausos, fotografías y muestras de entusiasmo. Para algunos participantes, cruzar la meta significó superar el desgaste acumulado durante una semana de competencia y una última etapa particularmente demandante.
Más allá de los resultados deportivos, el espíritu de colaboración volvió a ser uno de los elementos distintivos de la carrera. La confianza entre piloto y navegante, la preparación de cada automóvil y la capacidad para resolver imprevistos fueron factores esenciales para enfrentar los desafíos de una ruta que exige precisión y resistencia.
Durante su estancia, varios competidores expresaron una impresión favorable de Zacatecas, destacando sus atractivos urbanos, la recepción del público y la hospitalidad de sus habitantes. La respuesta de los aficionados contribuyó a crear un ambiente festivo en el que la tradición automovilística se vinculó con la historia y la arquitectura de la capital.
Como parte de la promoción del destino, la identidad turística ¡Zacatecas Deslumbrante! acompañó a los vehículos participantes a lo largo del recorrido nacional, llevando el nombre de la entidad ante las audiencias que siguen esta competencia dentro y fuera de México.
En el terreno deportivo, el triunfo absoluto correspondió al equipo integrado por el piloto Hilaire Damiron y su esposa, la navegante Laura Damiron, quienes se proclamaron campeones de La Carrera Panamericana 2026 al volante del Studebaker Commander número 115, conocido como El Commander. El matrimonio franco-brasileño consiguió imponerse en la clasificación general de esta edición.
La segunda posición de la categoría Turismo Mayor fue para Emilio Velázquez y Javier Marín, quienes compitieron con un Studebaker Golden Tiger. El tercer puesto quedó en manos de Carlos Manuel “Char” García y Eduardo Solís, a bordo de un Studebaker Champion, con lo que se completó el podio de la competencia.
Uno de los acontecimientos que marcó esta edición fue el retiro de Ricardo Cordero, siete veces ganador de la carrera, quien tuvo que abandonar en etapas anteriores debido a una falla en el motor de su automóvil, conocido como El Malditillo. El incidente evidenció las dificultades mecánicas y técnicas que enfrentan los participantes durante el recorrido.
La conclusión de la competencia representó también una oportunidad para fortalecer la promoción turística de Zacatecas, al aprovechar la proyección nacional e internacional de una prueba que conecta distintos destinos mediante el automovilismo. La arquitectura, la gastronomía, las tradiciones y el patrimonio cultural de la entidad formaron parte del atractivo mostrado a los visitantes.
Con la bandera a cuadros en la capital zacatecana, el estado cerró una jornada que reunió deporte, convivencia y promoción turística. La llegada de La Carrera Panamericana reafirmó el potencial de Zacatecas para albergar eventos de alcance nacional e internacional y presentar su oferta cultural ante nuevos públicos.





